martes, 19 de mayo de 2015

Conozca las palabras que ya no llevan tilde

Se eliminaron en algunos casos como en los pronombres éste, ése, aquél y sus femeninos y plurales

¿Sólo o solo? Conozca las palabras que ya no llevan tilde

Se eliminaron en algunos casos como en los pronombres éste, ése, aquél y sus femeninos y plurales.
Me preguntan, en definitiva, cuáles son las tildes que se eliminaron.

En la última edición de la Ortografía de la lengua española, 2010, quedaron eliminadas definitivamente las siguientes tildes:
La del adverbio sólo, que equivale a ‘solamente’, “solo me gustan las rubias”. La del adjetivo, que equivale a ‘no acompañado’, nunca se ha marcado, “Pedro vive solo desde los 17 años”.
La de los pronombres éste, ése, aquél y sus femeninos y plurales, “este se consigue en los EE. UU.; ese, en España, y aquel, en la Argentina”. La de los adjetivos nunca se ha marcado, “este teléfono se consigue en los EE. UU.; ese reloj, en España, y aquel balón, en la Argentina”. ¡Ojo! Siempre se tildan los verbos está, esté, estás, “aunque está claro que estás donde ella está…”.
La de la conjunción ó al lado de cifra, “tiene 44 o más”, “apartamentos de 3 o 4 alcobas”. En los demás casos nunca se ha marcado, “garaje o depósito”, “Lucrecia o Viviana”.
Las de monosílabos como guión, truhán, Sión, “aunque estuvo en el monte Sion, es un truhan que no quiso hacer el guion”.
Ya en 1999 se habían eliminado las de otros monosílabos como rió, “ella se rio ayer”; guió, “él los guio hacia la cumbre”; fió, “no les fio ni a sus amigos”; lió, “se lio su cachito diario”.
Y también las de verbos tildados a los que se le agrega pronombre enclítico, déle, “dele gusto a su paladar”; dispónte, “disponte a presentar tu mejor prueba”; tiráme, “¡flaca, tirame un hueso!”.
Y en 1952 se habían eliminado las de monosílabos como fé, fué, fuí, dió, vió, y las de palabras graves con el diptongo ui, como construído, destruído, imbuídos, fluídas, jesuítas.
Fernando Ávila

Delegado para Colombia de la Fundéu BBVA

miércoles, 13 de mayo de 2015

QUINO



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ERNESTO SABATO

OBRA  Y  VIDA

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FRAGMENTO DEL "EL TUNEL"




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lunes, 11 de mayo de 2015

MASACRE DE LAS BANANERAS


MASACRE DE LAS BANANERAS
Diciembre 6 de 1928
Sangre en la plantación
La muerte de un número indeterminado de manifestantes en Ciénaga por tropas oficiales, se convirtió en un hito de las luchas obreras y un mito para la historia y las letras colombianas.
Por Mauricio Archila Neira *
Hace unos años escribí que tal vez no existe un hecho en la historia del país que sea tan doloroso y al mismo tiempo tan expuesto a los vaivenes de la ficción como lo ocurrido en Ciénaga, Magdalena, entre el 5 y el 6 de diciembre de 1928. Hoy agregaría que quizá ha sido el evento más disputado en términos de la memoria colectiva, tanto que hoy sigue provocando pasiones en uno y otro lado del espectro político colombiano.
No acaba de suceder la masacre (así se designa técnicamente a todo acto de liquidación de más de cuatro personas en estado de indefensión) cuando ya se levantaban interpretaciones antagónicas y era claro que no habría consenso sobre lo que en efecto pasó en aquella aciaga madrugada. Antes de considerar algunos de los argumentos esgrimidos, establezcamos los principales hechos, hasta donde sea posible.
La empresa norteamericana United Fruit Company (UFC), creada en Boston en 1899, había llegado a la zona bananera del Magdalena a comienzos del siglo XX. La mayoría de los trabajadores de sus plantaciones eran vinculados indirectamente por medio de contratistas. Por ello nunca se pudo precisar su número exacto, pero se habla de una cifra que oscilaba entre 10.000 y 30.000. El 12 de noviembre de 1928 uno de los sindicatos que funcionaba en la región lanzó la huelga para presionar la solución de un pliego de nueve puntos. No era el primer conflicto laboral en la zona, pues desde 1918 se habían presentado ceses de trabajo, pero fueron parciales o de sectores específicos como los ferroviarios o portuarios dependientes de la multinacional.
El pliego de peticiones comenzaba con tres puntos que llamaban al cumplimiento de leyes colombianas sobre el seguro colectivo y obligatorio para los trabajadores, accidentes de trabajo y habitaciones higiénicas. Luego se exigía aumento salarial del 50 por ciento, cesación de los comisariatos y de préstamos por vales, pago semanal, contratación colectiva y establecimiento de más hospitales. Aunque sólo se exigía amoldarse a la escasa legislación laboral, la UFC se negó a negociar.
Muerte en Ciénaga
A instancias del general Carlos Cortés Vargas, trasladado a la zona como jefe militar al otro día de iniciada la huelga, la gerencia local de la UFC aceptó a medias los puntos de los vales y del pago semanal. El resto lo consideró "ilegal" o imposible de conceder. En esas condiciones el clima laboral se deterioró y los trabajadores realizaron mítines permanentes, bloqueos de la vía ferroviaria y saboteos a las líneas telegráficas. Como el conflicto no se resolvía decidieron concentrarse en Ciénaga, aunque dejaron piquetes de huelguistas por toda la zona.
En la noche del 5 de diciembre corrió el rumor de que el gobernador iría a entrevistarse con los trabajadores para buscar solución al paro, pero nunca llegó. Por su parte el gobierno central expidió el Decreto Legislativo No. 1 que declaraba el estado de sitio en la zona por turbación del orden público y designaba a Cortés Vargas jefe civil y militar de la misma. Éste, una vez recibió el esperado decreto se posesionó a la carrera y expidió a las 11 y media de la noche el decreto No. 1 que ordenaba disolver "toda reunión mayor de tres individuos" y amenazaba con disparar "sobre la multitud si fuera el caso". En consecuencia, a la 1 y media de la madrugada del 6 de diciembre formó a la tropa delante de los concentrados en Ciénaga. Luego de leer los respectivos decretos y de conminar a la multitud a retirarse, dio un plazo de cinco minutos que prolongó por uno más. Según Cortés Vargas "era menester cumplir la ley, y se cumplió". La masacre que siguió después es materia de disputa, así como lo que ocurrió en los días posteriores al hecho que prácticamente terminó con la huelga.
En efecto, el general Carlos Cortés Vargas, militar de carrera e historiador por afición, reconoció nueve muertos, ¡el mismo número de los puntos del pliego de petición! Explicó su decisión con dos argumentos, muy caros al espíritu militar: la preservación de la autoridad en una situación casi insurreccional y la represión de la huelga para anticipar un desembarco norteamericano. El primero fue, sin duda, el que más invocó tanto en una entrevista publicada pocos días después de la masacre, como en el libro que editaría a mediados de 1929. El segundo, que tuvo cierto fundamento como veremos luego, surgiría meses después como una disculpa de su decisión. Para el general, la huelga en la zona bananera era un acto subversivo propiciado por agitadores comunistas y anarquistas. En esto hacía eco del mismo pánico que sus superiores, el ministro de Guerra, Ignacio Rengifo, y el presidente Miguel Abadía Méndez, tenían ante cualquier protesta social. En esa dirección habían expedido el año anterior la Ley Heroica.
La descripción que hace Cortés Vargas insiste en multitudes que recorrían la zona arrasando con todo y amenazando las vidas de funcionarios colombianos y norteamericanos. Él veía comunistas por todos lados, tanto que terminó apresando al inspector del trabajo y al alcalde de Ciénaga por connivencia con los huelguistas. Pero lo que más le preocupaba era la eventual confraternización de las tropas costeñas con los trabajadores. Para salvar el principio de autoridad decidió actuar brutalmente para suprimir la huelga, en lo que fue respaldado por sus superiores.
Otras versiones
Por su parte, activistas sobrevivientes como Alberto Castrillón y Raúl E. Mahecha hablaron de cientos de víctimas desarmadas. También ellos tenían sus intereses en esta denuncia. Es sabido que el Partido Socialista Revolucionario, en el que militaban los dirigentes de la huelga, se inclinaba por una táctica insurreccional para acceder al poder. La huelga era un paso en esa dirección. Pero por las descripciones que hicieron otros sobrevivientes, la gente desbordó a sus líderes.
Algunos señalan que Mahecha, oliéndose lo que iba a suceder, intentó en vano disolver la concentración en Ciénaga. Sin duda, hubo actos violentos por parte de los huelguistas como el ocurrido el 6 de diciembre en la vecina Sevilla que dejó un militar muerto y otros tantos civiles. Incluso parece que a lo largo del conflicto algunos de los huelguistas estuvieron armados de machetes y viejas escopetas. Pero en la noche de la masacre en Ciénaga las balas no salieron de la multitud, como lo reconoció el mismo Cortés Vargas. En forma diciente El Espectador el 12 de diciembre publicó una larga entrevista con el general bajo el título: 'La primera descarga se hizo sobre una multitud obrera inerme y pacífica'.
A su vez, el joven político Jorge E. Gaitán eludió dar cifras precisas en la denuncia que presentó ante el Congreso meses después, pero acusó a los militares de hacer una acción premeditada en estado de embriaguez. Igualmente recogió el rumor que circulaba en la región de trenes cargados de muertos que fueron arrojados al mar. Gaitán también tenía intereses políticos, pero sus denuncias, exageradas en algunos puntos, no se pueden reducir a una simple oposición al gobierno, como perceptivamente le señaló el embajador norteamericano Jefferson Caffery. El punto de vista de este diplomático es también esclarecedor de las distintas versiones de los hechos. Apoyándose en fuentes de la compañía bananera, el embajador reportó primero 100 muertos, luego habló de una suma que oscilaba entre 500 y 600 y en un informe al Departamento de Estado de mediados de diciembre dijo que sobrepasaban los ´1.000. Queda la duda de si en efecto hubo tropas extranjeras cerca de Colombia -como ocurrió en Panamá en 1903-, y no se sabe hasta dónde hubieran llegado los estadounidenses en la defensa de sus 'intereses'.
En todos estos relatos la realidad ha sido moldeada por cada protagonista atendiendo a sus motivaciones. Es una forma de ficción, distinta, eso sí, de la literaria. No es lo mismo hablar de "masacre" que de "sucesos" de las bananeras, como asépticamente los designó Cortés Vargas. Pero los intereses políticos no han desaparecido con el paso de los años. Aún hay quienes quieren dejar estos eventos en el cajón del olvido. La masacre de las bananeras no era parte de la llamada 'historia oficial' que nos enseñaron a muchas generaciones de colombianos y que hoy, por fortuna, está cuestionada.
De no ser por el poder de la imaginación traducido en las caricaturas de Rendón, las denuncias de Gaitán, la escultura de Arenas Betancourt, las novelas de Alvaro Cepeda y de Gabo, los abundantes recuentos de los historiadores y, sobre todo, el recuerdo de los sobrevivientes, pudo pasar lo que ha ocurrido con otros hechos luctuosos de la historia reciente del país que se hunden en el manto del olvido y la impunidad. Para encarar cualquier proceso de paz en el país no se puede suprimir la memoria colectiva, comenzando por la masacre que se cometió el 6 de diciembre de 1928 en Ciénaga contra una "multitud inerme y pacífica". Esta memoria tiene algo de ficción, como todo relato histórico, pero no por ello es falsa.

* Ph.D. en historia y profesor titular  la Universidad Nacional de Colombia

Época de Represión Argentina





Madres de la plaza de mayo


El símbolo tradicional de las Madres, un pañuelo en la cabeza, hecho inicialmente con tela de un pañal.
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http://es.wikipedia.org/wiki/Pablo_D%C3%ADaz_(Argentina) 
http://es.wikipedia.org/wiki/Comisi%C3%B3n_Nacional_sobre_la_Desaparici%C3%B3n_de_Personas













JUAN PABLO DIAZ LIDER SOBREVIVIENTE NOCHE DE LOS LÁPICES






Noche de los lápices









BLOG a 37 años de la noche de los lápices
http://madresfundadoras.blogspot.com/2013/09/a-37-anos-de-la-noche-de-los-lapices.html





miércoles, 22 de abril de 2015

RAYUELA "LECTURA"


LECTURA LIBRO RAYUELA DE JULIO CORTAZAR

CADA ESTUDIANTE REALIZARÁ MAPAS MENTALES, O CONCEPTUALES POR CADA CAPÍTULO. 





TABLERO DE DIRECCIÓN A su manera este libro es muchos libros, pero sobre todo es dos libros. El primero se deja leer en la forma corriente, y termina en el capítulo 56, al pie del cual hay tres vistosas estrellitas que equivalen a la palabra Fin. Por consiguiente, el lector prescindirá sin remordimientos de lo que sigue. El segundo se deja leer empezando por el capítulo 73 y siguiendo luego en el orden que se indica al pie de cada capítulo. 

En caso de confusión u olvido, bastará consultar la lista siguiente: 73 - 1 - 2 - 116 - 3 - 84 - 4 - 71 - 5 - 81 - 74 - 6 - 7 - 8 - 93 - 68 - 9 - 104 - 10 - 65 - 11 - 136 - 12 106 - 13 - 115 - 14 - 114 - 117 - 15 - 120 - 16 - 137 - 17 - 97 - 18 - 153 - 19 - 90 - 20 - 126 - 21 79 - 22 - 62 - 23 - 124 - 128 - 24 - 134 - 25 - 141 - 60 - 26 - 109 - 27 - 28 - 130 - 151 - 152 - 143 100 - 76 - 101 - 144 - 92 - 103 - 108 - 64 - 155 - 123 -145 - 122 - 112 - 154 - 85 - 150 - 95 - 146 29 - 107 - 113 - 30 - 57 - 70 - 147 - 31 - 32 - 132 - 61 - 33 - 67 - 83 - 142 - 34 - 87 - 105 - 96 - 94 91 - 82 - 99 - 35 - 121 - 36 - 37 - 98 - 38 - 39 - 86 - 78 - 40 - 59 - 41 - 148 - 42 - 75 - 43 - 125- 44 102 - 45 - 80 - 46 - 47 - 110 - 48 - 111 - 49 - 118 - 50 - 119 - 51 - 69 - 52 - 89 - 53 - 66 - 149 - 54 129 - 139 - 133 - 40 - 138 - 127 - 56 - 135 - 63 - 88 - 72 - 77 - 131 - 58 - 131 Con el objeto de facilitar la rápida ubicación de los capítulos, la numeración se va repitiendo en lo alto de las páginas correspondientes a cada uno de ellos.